Etapa básicamente llana, y recta, con poco que ver por el camino, y sin otra parada que Santa Cilia de Jaca.
Salimos Jaca por un sendero semiurbano que, a la altura del cementerio nos hace cruzar la carretera, que sigue en paralelo.
Nosotros nos desviamos a la izquierda para no seguir la carretera, y cogemos el sendero de los ríos.
Todo este tramo muy atractivo.
Luego de seguir la carretera, el sendero se desvía, de nuevo, a la izquierda y sube para salvar la cabecera de un arroyo.
A partir de aquí empieza una parte también bonita del camino, por un bosque de altura, desde el que se ve toda la línea pirenaica nevada.
Una vez que pasamos el desvío a Santa Cruz de la Serós vamos por una zona de sube y bajas hasta Santa Cilia de Jaca.
Allí compramos pan en una panadería de la que sale un olor que alimenta, y tomamos unas cervezas en el bar del pueblo, que mantiene una pareja mayor por compromiso con Santa Cilia.
Salimos. A partir de aquí, largo y sufrido camino bajo el sol, con el calor que surge cada día a estas horas. Sólo los últimos centenares de metros bajo una bóveda vegetal que nos desvió a la derecha alivian esa larga hora y media de tránsito paralelo a la carretera y bajo el sol.
Llegamos a Puente la Reina de Jaca.
Allí, en el alojamiento Anaya solventan, de nuevo, la falta de compromiso de los hosteleros locales con el Camino. Dos restaurantes, ambos cierran por la noche. Y al peregrino que viene aquí, pensando en el final de etapa, que le den.
Menos mal que la mujer que gestiona el Anaya lo solventa con buen talante y ánimo.
Por este motivo abandonamos el Camino clásico, y tomamos la variante de Yesa, y luego la de Lumbier.
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